Marcando el ritmo

Hasta hoy han sido las pruebas deportivas y mi rendimiento físico los que han marcado los ritmos de entreno y descanso y me ha ido bien, los resultados no han sido de campeón del mundo, esos juegan en otra liga.
Conseguí todo lo que me propuse, fue despacio, cada cosa a su tiempo, pero los resultados iban llegando, el sufrimiento y el sacrificio daban sus frutos. Año y medio de entrenamientos constantes me dejaron completar dos medios Ironman y el ansiado Ironman.

Una aventura que comenzó en las navidades del 2011-2012 y que tuvo su guinda del pastel en mayo de 2013 entrando y meta y consiguiendo el deseado FINISHER del Ironman de Lanzarote rodeado de la familia y apoyado via teléfono (whatsapp, facebook, twitter, …) por un montón de amigos.

Cuando empiezas en esto todo el mundo te habla de ese día, que no se olvida, que se sufre, que se llora, que se ríe, que recuerdas muchas cosas que has pasado para llegar ahí y muchas cosas que perdiste por querer llegar hasta ese momento, y por muy duro que sea, nadie se arrepiente, muchos nos lamentamos y juramos no volver, pero rápido se pasa ese sentimiento y comienzas a pensar en bajar el tiempo para el próximo año. Pues sí, todo eso me lo habían dicho muchos, y tal cual, paso por paso, sucede, me faltó llorar en la meta, pero creo que ya no tenía fuerzas.

Después del Ironman mi siguiente gran reto era cruzar los 15km que separan Lanzarote de Fuerteventura. Me tenía que centrar en nadar y nadar y nadar. Me tomé 2 semanas de merecido descanso después del Ironman y retomé los entrenos de mtb y agua. Todo parecía ir bien. Pero no, mi rodilla derecha ha decidido descansar más tiempo que yo.

Poco después de volver a la rutina del entrenamiento ha empezado a quejarse como nunca, un pinchazo en la parte baja y externa de la rodilla derecha consigue hacerme parar y que sea imposible correr más de 2-3km, no me deja hacer más de 60km de bici cómodo y a partir de 80-100 el dolor el potente y nadando, si bato mucho de piernas más de dos horas se hace dificil.

Debido a eso, he decidido no presentarme a La Bocaina, el tatuaje ese lo dejo pendiente, no olvidado, sólo pendiente, porque me gustaría intentarlo algún año.

De momento toca ir al fisio, trauma, y un sin fin de actividades que nunca pensé que haría por obligación.

Así que, a partir de hoy, mis ritmos, quedan de mano de mi rodilla, se ha vuelto la jefa y sus deseos se han convertido en órdenes.

Nos vemos entrenando.